Portada - (B) el cuerpo momificado del niño antes de la autopsia, (C) marcas de viruela en el rostro y (D) la erupción se hace evidente asimismo en el brazo. Fuente: Patterson Ross, et al.

ADN en la momia de un niño revela los 450 años de antigüedad del virus de la Hepatitis B

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Los científicos que han examinado la momia de un niño que murió en el siglo XVI han confirmado que el virus de la Hepatitis B (VHB) lleva siglos ocasionando problemas de salud al ser humano. Curiosamente, parece que la antigua cepa del VHB hallada en la momia no ha cambiado mucho a lo largo de los últimos 450 años.

El equipo de científicos ha secuenciado el genoma completo de una antigua cepa de VHB examinando los restos momificados de un niño de dos años que murió en torno al 1569, según leemos en Science Alert .

El niño fue enterrado originalmente en la Basílica de San Domenico Maggiore ubicada en Nápoles, Italia. Cuando el cuerpo fue exhumado hace aproximadamente tres décadas, en algún momento entre los años 1983 y 1985, los investigadores observaron marcas de viruela en varias partes del cuerpo del pequeño, lo que les llevó a pensar que la viruela (Variola virus) había causado la prematura muerte del niño.

Las marcas de viruela aún son visibles en la cara de la momia del niño. (JD Howell)

Las marcas de viruela aún son visibles en la cara de la momia del niño. ( JD Howell )

Science Alert informa de que las pruebas de microscopía electrónica y de inmunotinción llevadas a cabo en aquel momento parecían confirmar que se trataba de viruela. El caso llegó a ser conocido como la evidencia más antigua de viruela observada en restos humanos medievales  – y ha sido utilizado desde entonces como referencia cronológica por los investigadores interesados en el origen de la enfermedad.

Pero esta idea tendrá que cambiar, ya que las pruebas de ADN y la exploración mediante microscopía electrónica de barrido realizadas sobre muestras de piel y hueso extraídas de la momia del niño no mostraban señales de presencia del virus de la viruela. Sin embargo, los investigadores tampoco hallaron ninguna evidencia de Hepatitis B al utilizar la microscopía electrónica de barrido; encontraron más bien partículas de un virus desconocido, lo que les llevó a plantear la posibilidad de que la momificación pudiera haber tenido algún efecto en la aparición de partículas víricas.

La momia del niño en su ataúd, vestida aún con sus ropas funerarias. (Patterson Ross, et al.)

La momia del niño en su ataúd, vestida aún con sus ropas funerarias. ( Patterson Ross, et al. )

Aparte del obligado cambio en la referencia cronológica de la viruela, este estudio también demuestra lo difícil que puede ser identificar qué enfermedades infecciosas afectaron a un cuerpo en el pasado. El investigador Hendrik Poinar, genetista evolutivo del Centro McMaster de Antiguo ADN y director científico del Instituto para la Investigación de Enfermedades Infecciosas Michael G. DeGroote, decía al respecto : “Estos datos destacan la importancia de la observación molecular para ayudar a identificar la presencia de agentes patógenos claves en el pasado, lo que nos permite acotar mejor la época en la que podrían haber infectado al ser humano.”

El estudio podría también ayudar en la actualidad, cuando las estimaciones sugieren que más de 350 millones de personas sufren de infecciones crónicas de Hepatitis B, y aproximadamente un tercio de la población mundial total ha estado infectada alguna vez por el VHB. Como explicaba Poinar , “Cuanto más entendamos sobre el comportamiento de anteriores pandemias y brotes, mayor será nuestra comprensión de cómo los patógenos modernos podrían actuar y propagarse, y esta información ayudará en última instancia a su control.”

Hendrik Poinar, uno de los investigadores que han identificado el antiguo virus de la Hepatitis B en los restos de la momia del niño. (JD Howell)

Hendrik Poinar, uno de los investigadores que han identificado el antiguo virus de la Hepatitis B en los restos de la momia del niño. ( JD Howell )

Los resultados del estudio han sido publicados online en la revista PLOS Pathogens .

Imagen de portada: (B) el cuerpo momificado del niño antes de la autopsia, (C) marcas de viruela en el rostro y (D) la erupción se hace evidente asimismo en el brazo. Fuente: Patterson Ross, et al .

Autor: Alicia McDermott

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