Portada - Antiguas ruinas en la selva amazónica. (Eric Mollna / flickr)

¿Albergó en el pasado la selva amazónica una impresionante civilización olvidada?

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En la cima del montículo hay una espiral de rocas, enroscada con la forma de una enorme serpiente o, quizás, arremolinándose como la concha de una caracola. Es posible caminar a lo largo de la espiral como si estuviésemos recorriendo un laberinto. Cada paso nos lleva de este modo un poco más abajo hasta alcanzar el centro, cuarenta pies (12,19 metros) por debajo del punto de partida.

En el centro de la espiral, el pueblo que habitaba el lugar en el pasado encendía hogueras. Se trataba con toda probabilidad de fuegos sagrados empleados con algún propósito religioso, y hay razones para creer que en estos rituales se consumían drogas.

Los arqueólogos han hallado en el yacimiento cucharillas y morteros con restos de semillas de vilca alucinógenas. Estas semillas no crecían en la zona –eran importadas, y hacerse con ellas podría haber sido una de las razones principales de este pueblo para crear una red tan compleja de relaciones comerciales.

Yacimiento arqueológico de Montegrande, Perú. (forosperu)

Yacimiento arqueológico de Montegrande, Perú. ( forosperu)

Estas semillas, en opinión de Olivera, podrían ser una de las razones de la fascinación de este pueblo por las espirales. Quien ingiere las semillas de vilca suele tener alucinaciones con luces y destellos que adoptan la forma de una espiral. Los sacerdotes que vivían en Montegrande quizás las consumieran para acceder a una visión divina, y es posible que sus alucinaciones cambiaran aquella cultura por completo.

Las espirales constituían una obsesión para el pueblo de Montegrande. Entre los restos de su civilización aún podemos encontrar caracolas diseminadas por todas partes. Honraban a sus muertos cubriéndolos con ellas, y las formas espirales se encuentran en todos los aspectos de su sociedad. Dios, según al parecer creía este pueblo, era una fuerza que podían alcanzar cuando machacaban semillas de vilca y liberaban su mente.

Edificio con forma espiral en el yacimiento arqueológico de Montegrande. (Arqueología del Perú)

Edificio con forma espiral en el yacimiento arqueológico de Montegrande. ( Arqueología del Perú )

El Señor de las Caracolas

A una milla de distancia de Montegrande, los investigadores encontraron una segunda pirámide –pero ésta nos cuenta una historia bastante más siniestra.

Enterrados en la segunda pirámide se hallaron los restos de 22 niños. Muchos de sus huesos mostraban signos de malnutrición y enfermedades, y parece que estaban muy débiles en el momento de su muerte. Con toda probabilidad fueron llevados allí enfermos y abocados a una muerte segura. Éste era un lugar apartado de la ciudad en el que una madre podía dejar a su querido hijo gravemente enfermo con los chamanes.

Los chamanes no los curarían. No tenían una poción mágica que pudiera devolver la salud a aquellos niños. De hecho no se ayudaba a los niños que llegaban aquí –se convertían en víctimas de sacrificios humanos.

Restos óseos hallados en el yacimiento arqueológico de Montegrande. (elcomercio/Perú Folklórico)

Restos óseos hallados en el yacimiento arqueológico de Montegrande. (elcomercio/ Perú Folklórico )

Los huesos de los niños muestran signos de violencia. Un niño de seis años aparece enterrado con su mascota, una cobaya, mientras que una joven madre yace enterrada junto con su hijo recién nacido, ambos decapitados.

Además de todos estos restos, nos encontramos con los huesos del sacerdote que los sacrificó. Los arqueólogos le llaman “El Señor de las Caracolas”, y está claro que fue un importante personaje en su sociedad. Murió hace 2.800 años, una época bastante antigua de la historia, aunque sin duda presenta el enterramiento más lujoso hallado en la zona hasta ahora.

El Señor de las Caracolas fue enterrado cubriendo su cuerpo de la cabeza a los pies con 180 caracolas. Su rostro miraba hacia el este, por donde nace el sol en el nuevo día.

El Señor de las Caracolas. (forosperu)

El Señor de las Caracolas. ( forosperu)

Las ruinas y los huesos de un antiguo pueblo

No se conserva ni una sola palabra escrita por el pueblo que habitó Montegrande. Ignoramos si conocían la escritura, y en caso afirmativo, qué es lo que escribían. Desconocemos su nombre. No sabemos nada de lo que pensaban sobre la vida, el amor o la muerte, ni por qué vinieron al Amazonas y acabaron desapareciendo como civilización.

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Nuestro objetivo es ir más allá de las teorías, y presentando una evaluación precisa de la investigación actual, resaltamos y ofrecemos puntos de vista alternativos a las declaraciones de la ciencia y arqueología convencionales.

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