Portada - ‘Entierro prematuro’, óleo de Antoine Wiertz (1854) (Dominio público)

¿Cuánto tiempo llevamos creyendo en los vampiros?

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Los vampiros tienen una historia controvertida. Algunos afirman que estas criaturas son “tan antiguas como el mundo”, pero los argumentos más recientes sugieren que nuestra creencia en los vampiros y los no-muertos nació en el siglo XVIII, cuando aparecen los primeros testimonios europeos sobre estos seres.

Sabemos de hecho que 1732 fue el annus mirabilis de los vampiros. En este año se publicaron 12 libros y cuatro disertaciones sobre el tema, además de aparecer por primera vez este término en el idioma inglés según el experto gótico Roger Luckhurst. Pero los descubrimientos arqueológicos de enterramientos anómalos en Europa en los últimos años han desenterrado la posibilidad de una creencia en el vampirismo anterior al año 1500, mucho antes de lo que creían hasta ahora los eruditos literarios.

El cuerpo de un “vampiro” de hace 500 años, por ejemplo, está actualmente expuesto en un antiguo cementerio de la ciudad polaca de Kamien Pomorski. El cadáver del vampiro, descubierto hace dos años, se ha divulgado ampliamente en la prensa mundial. Los arqueólogos han confirmado que tiene una estaca clavada en su pierna (presumiblemente para evitar que saliera de su ataúd) y una roca en su boca (para detener cualquier eventual succión de sangre inacabada). Se han descubierto entierros anómalos aún más antiguos en aldeas de Bulgaria.

Este esqueleto de hace 800 años descubierto en Bulgaria fue apuñalado en el pecho con una barra de hierro. Bin im Garten, CC BY-SA

Este esqueleto de hace 800 años descubierto en Bulgaria fue apuñalado en el pecho con una barra de hierro. Bin im GartenCC BY-SA

Mientras tanto, los restos medievales de los primeros vampiros ingleses fueron al parecer descubiertos en la población de Wharram Percy, Yorkshire. Los habitantes que huyeron de la aldea en el año 1500 demostraron su creencia generalizada en que los muertos vivientes regresaban como aparecidos o cadáveres reanimados. Plantaron cara al peligro de ser atacados por vampiros y demostraron la creencia medieval en un ‘apocalipsis zombi’ inglés, un episodio que no estaría fuera de lugar en una escena de The Walking Dead.

Así que evidentemente se creía en cierta forma de vampiro en gran parte de Europa a lo largo de la época medieval. Pero el seductor vampiro romántico no dejó su tarjeta de visita en la refinada sociedad londinense hasta 1819, cuando el primer vampiro de ficción, el satánico Lord Ruthven nace de un relato de John Polidori. Así pues, ¿cómo fue la transición de nuestra idea de los vampiros para pasar de los desgreñados campesinos medievales a los atractivos aristócratas byronianos? Debemos volver a los inicios de la criatura en la antigua creencia popular para entender su historia.

Vampiros, vrykolakoi, velku

En los primeros testimonios escritos de vampiros europeos, las criaturas son consideradas aparecidos o seres que han vuelto de la muerte, tomando a menudo la forma de un familiar enfermo que reaparece bajo la desgraciada apariencia de un vampiro. En dichos relatos, los “asuntos pendientes”, en ocasiones algo tan trivial como el deseo de ropa o zapatos, eran suficientes para hacer que los muertos volvieran al mundo de los vivos.

La cantidad de palabras para “vampiro” puede frustrar a los estudiosos: Krvoijac, vukodlak, wilkolak, varcolac, vurvolak, liderc nadaly, liougat, kullkutha, moroii, strigoi, murony, streghoi, vrykolakoi, upir, dschuma, velku, dlaka, nachzehrer, zaloznye, nosferatu... y la lista sigue.

El Oxford English Dictionary se extiende a lo largo de siete páginas para definir a un vampiro, pero la entrada más antigua, de 1734, es aquí la más interesante:

Se supone que estos vampiros son los cuerpos de personas fallecidas, animados por espíritus malignos, que salen de sus tumbas durante la noche, chupan la sangre de muchos de los vivos y de esta forma los destruyen.

“Le Vampire”, litografía de R. de Moraine, ‘Les Tribunaux secrets’ (1864) Wikimedia Commons

“Le Vampire”, litografía de R. de Moraine, ‘Les Tribunaux secrets’ (1864) Wikimedia Commons

Evidentemente, las figuras de aquellos primeros vampiros tenían poco de atractivo o encantador. A diferencia del vampiro aristocrático inglés, basado en la figura de Lord Byron, estos primeros vampiros folklóricos eran campesinos y tendían a aparecer en masa, como los zombis de hoy en día.

Agnes Murgoci exploró en mayor profundidad esta creencia popular. Sostuvo en 1926 que el viaje de la muerte a la vida en el más allá es peligroso –según la creencia tradicional rumana el alma de los difuntos tardaba 40 días en entrar al paraíso. En algunos casos, se pensaba que permanecía en el mundo durante años, y durante este tiempo había una gran variedad de formas en las que los difuntos miembros de la familia podían sucumbir al vampirismo.

Se creía antiguamente que morir soltero, sin haber sido perdonado por los padres, suicidándose o siendo asesinado podía en todos los casos llevar a una persona a regresar de la muerte como vampiro. Ciertos eventos después de la muerte también podían tener el mismo efecto –cuidado con la brisa que sopla a través de los cadáveres antes de ser enterrados, perros o gatos que caminan sobre ataúdes, o con dejar un espejo (una “trampa para almas”) sin girar cara a la pared en este momento tan delicado.

Entrando en las esferas literarias

Fue un tratado escrito en 1746 por el monje francés Antoine Augustin Calmet el que se hizo famoso por dar acceso a los escritores británicos a toda una serie de encuentros con los vampiros. Calmet se inspiró en Joseph Pitton de Tournefort, un herborista y hombre de ciencia que aseguraba haberse encontrado cara a cara con una plaga de vampiros chupadores de sangre en la isla griega de Mikonos en 1702. Su obra aún era leída en 1741.

Tres décadas después del encuentro de Tournefort, el London Journal de 1732 informaba de algunas pesquisas sobre “vampiros” llevadas a cabo en Madreyga, Hungría (una historia referida más adelante por John Polidori). Grecia y Hungría destacan sin lugar a dudas en estos primeros relatos –y esto se reflejó en la literatura romántica: Lord Byron por ejemplo hace de Grecia el escenario de su inacabada historia de vampiros escrita en 1819 A Fragment (“Fragmento de una novela”).

Pero fue Polidori el responsable del pedigrí del vampiro inglés y su ascenso en la escala social. Parece ser que no hubo ningún chupasangre que fuera un urbano y educado burgués antes de The Vampyre (1819). También se introduce en esta obra una sexualidad depredadora. Vemos en ella por primera vez a un vampiro como vividor o Libertino, un verdadero lady killer (seductor de mujeres) –una tendencia que se acabó transformando en el Drácula de Bram Stoker y anticipaba la llegada del romance de vampiros bajo la hermosa forma del no-muerto Edward Cullen en la saga Crepúsculo.

Como todo esto revela, toda la historia de los vampiros es disputada e incierta sea cual sea su perspectiva, científica o literaria. Pero los enterramientos de “vampiros” descubiertos por los arqueólogos recientemente son sin duda coherentes con las prácticas que sabemos que sugieren la creencia en el vampirismo (como clavar una estaca en el cadáver, o clavar su lengua, o una aguja en su corazón, o introducir pequeñas piedras e incienso en la boca y bajo las uñas de las manos del cadáver para impedirle succionar la sangre y arañar). Estos cadáveres “vampíricos” por lo tanto nos llevan en cierto modo en la dirección de averiguar cómo es de antigua realmente nuestra creencia en los vampiros.

Pero la historia de los vampiros es todavía imposible de trazar con certeza, y deberíamos probablemente guardarnos de consultar al vampirólogo británico Montague Summers (1880-1948) en nuestra búsqueda de la guarida del monstruo original. Summers se refería a los vampiros como “ciudadanos del mundo”: para él existían más allá de los límites geográficos o temporales.

Imagen de portada: ‘Entierro prematuro’, óleo de Antoine Wiertz (1854) (Dominio público)

El artículo ‘How long have we believed in Vampires?’ escrito por Sam George fue publicado originalmente en The Conversation y ha sido publicado de nuevo en Ancient Origins bajo una licencia Creative Commons.

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