Portada - Dos lendreras recuperadas de la tumba real 72 de Hieracómpolis. (Fotografía: El Diario/ Hierakonpolis Expedition/EFE)

Peines y lendreras de hace miles de años: la lucha contra los piojos en el antiguo Egipto

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La infestación del hombre por parte de los piojos es un hecho bien documentado a través de los siglos. Una de las primeras referencias acerca de estos parásitos aparece en la Biblia, en el libro del Éxodo, cuando Jehová dice a Moisés: “Dí a Aaron: extiende tu vara y golpea el polvo de la tierra para que se vuelva piojo por todo el país de Egipto. Y ellos lo hicieron así, y Aaron extendió su mano con su vara y golpeó el polvo de la tierra, el cual se volvió piojos, así en los hombres como en las bestias, todo el polvo de la tierra se volvió piojos en todo el país de Egipto. Y los hechiceros hicieron así también para sacar piojos con sus encantamientos; pero no pudieron. Y hubo piojos tanto en los hombres como en las bestias”.

Ciertamente, en el Antiguo Egipto los piojos suponían un gran problema de salud e higiene, llegando a colocarse lendreras, agujas capilares y peines como parte del ajuar funerario de las tumbas del Egipto predinástico. Según publicaciones aparecidas en el periódico El Diario , la egiptóloga Candelaria Martín del Río , miembro de la española Universidad de La Laguna , ha estudiado desde el año 1998 −bajo la dirección del profesor titular de Egiptología Miguel Ángel Molinero − dichos utensilios del Alto Egipto .

La investigadora decidió centrar su estudio en la zona que se extiende desde el delta del Nilo hasta la región de Nubia, y más concretamente en el Período Predinástico (5000 a. C.-2800 a. C.), ya que en el mundo egipcio los objetos no se decoraban por un puro afán artístico sino por un concepto simbólico: todo lo que se representaba tenía un porqué.

En el Antiguo Egipto los piojos suponían un gran problema de salud e higiene, llegando a colocarse lendreras, agujas capilares y peines como parte del ajuar funerario de las tumbas. (Gilles San Martín/FLICKR)

En el Antiguo Egipto los piojos suponían un gran problema de salud e higiene, llegando a colocarse lendreras, agujas capilares y peines como parte del ajuar funerario de las tumbas. (Gilles San Martín/ Flickr)

Todo lo que se ponga en un ajuar funerario es relevante. Algo depositado en una tumba era valioso para el difunto e importante desde el punto de vista simbólico o utilitario ”, ha puntualizado la investigadora.

Cuando comenzó a estudiar este tipo de utensilios apenas contaba con la descripción de 50 piezas, pero con el paso de los años han sido casi mil los objetos finalmente investigados “ procedentes de los cinco continentes, desde las universidades de Tokio y Kioto a Sudáfrica, Estados Unidos, Sudamérica y media Europa ”.

A lo largo de su investigación, la egiptóloga encontró que había una gran diversidad de peines y agujas de pelo tanto con decoración como sin ella. Asimismo, también existen pinzas y agujas metálicas de pelo, tenacillas para rizar el cabello e incluso piezas con el mismo diseño que los actuales peines “tenedor” de púas largas.  Algunos de estos peines se usaban como las peinetas españolas: incrustados en el pelo de forma que sobresalía su superficie decorada como un ornamento por encima de la cabeza.

Antiguo peine egipcio tallado en marfil de hipopótamo. Museo del Louvre de París, Francia. (Guillaume Blanchard/CC BY-SA 1.0)

Antiguo peine egipcio tallado en marfil de hipopótamo. Museo del Louvre de París, Francia. (Guillaume Blanchard/ CC BY-SA 1.0 )

Lendreras exactas a las actuales

Un aspecto sorprendente y destacado por parte de la experta fue el constatar cómo las lendreras eran exactamente iguales a las que se utilizan hoy en día. Según ha explicado Martín del Río, los piojos eran un problema muy serio en el antiguo Egipto, incluso de alcance mortal porque las infecciones cutáneas podían devenir “ en algo terrible ”, por lo que utilizaban pócimas diversas, diseñando las lendreras siempre con el mismo formato hasta el final de la civilización egipcia.

Entre los objetos estudiados aparecen algunos sin decoración y otros ornamentados con formas geométricas, zoomorfas y antropomorfas, abundando los diseños de aves, bóvidos, jirafas, hipopótamos, asnos, serpientes y rinocerontes. Había, además, peines con púas “simuladas” que se llevaban colgados con un doble sistema de sujeción, por lo que, en realidad, podría tratarse de rascadores para las infecciones de la piel. Por último, hay que destacar que en ese período histórico también se utilizaban postizos de pelo humano. Tanto es así que, en una tumba de Hieracómpolis, se encontró a una mujer que mantenía su pelo natural pero que, al mismo tiempo, hacía uso de un postizo con la forma de una trenza muy larga. Eso sí: las pelucas, tal y como las entendemos actualmente, no aparecieron hasta épocas posteriores.

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