Portada - La llamada momia número 8, erróneamente identificada como Artemi Semidán y expuesta en el Museo Canario de Las Palmas de Gran Canaria. (Fotografía: EFE/Ángel Medina G.)

Momia del siglo V aporta pruebas de suicidios rituales entre los antiguos nobles aborígenes canarios

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En el año 2011, el Museo Canario de Las Palmas de Gran Canaria, España, inició una colaboración con el proyecto de identificación genética de ovicápridos y cerdos impulsado por investigadores del Instituto de Biología Evolutiva (CSIC-UPF) de Barcelona y el Instituto Canario de Investigaciones Agrarias (ICIA). Esta colaboración permitió la identificación, mediante ADN, de las especies animales empleadas por los aborígenes canarios para confeccionar las mortajas de piel con las que los primeros pobladores de las Islas Canarias envolvían a sus célebres momias. Para ello, claro está, se llevaron a cabo una serie de dataciones radiocarbónicas de unas determinadas momias.

Una de estas momias fue la llegada al Museo Canario a principios de siglo XX, gracias a una donación, tras haber pertenecido a una colección privada, la del conde de la Vega Grande . Inventariada con el número 8, durante muchos años la tradición y las gentes la identificaron con los restos de un personaje notable de la época previa a la conquista grancanaria por parte de los castellanos. Sin base científica alguna, muchos creían que se trataba de los restos de Artemis o Artemy : rey guerrero aborigen, referenciado en diversas crónicas y relatos de guerra, que falleció combatiendo a las tropas de Jean de Béthencourt durante la batalla de Arguineguín , acaecida en 1405, antes de que se iniciara la conquista de la isla por parte de la Corona de Castilla. Sin embargo, la datación realizada sobre el segundo metatarsiano del pie derecho de esta momia indicó que, en realidad, se trataba de un hombre fallecido entre los años 415 y 560, una época muy anterior a la conquista de Gran Canaria , que se produjo en el siglo XV.

Retrato de Jean de Béthencourt realizado en 1833 por Jacques François Gaudérique Llanta (1807-1864). (Public Domain)

Retrato de Jean de Béthencourt realizado en 1833 por Jacques François Gaudérique Llanta (1807-1864). ( Public Domain )

Ahora, tal y como se indica desde EfeFuturo, la revista “ International Journal of Osteoarcheology ” ha publicado los resultados de un nuevo análisis forense de la momia número 8 llevado a cabo por investigadores del propio Museo Canario y de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) . Según dichos resultados, este esqueleto correspondería a un varón de 25 o 30 años, en plenas facultades físicas, con múltiples fracturas en el cráneo, las vértebras, las costillas del costado izquierdo y las dos piernas. Fracturas que se habrían producido al mismo tiempo. Las conclusiones no dejan lugar a dudas: no hay heridas de defensa ni cortes por arma, sino que  parece fruto de un impacto durante una caída, desde una altura probablemente superior a 15 metros. Asimismo, una de las piernas presenta diversas fracturas curadas tiempo antes del óbito, que pudieron producirse por un accidente similar.

Todo lo anterior lleva a los expertos a preguntarse qué tipo de persona pudo sufrir repetidas caídas en una isla repleta de riscos, acantilados y barrancos y en una sociedad cuya supervivencia dependía de la ganadería. ¿Tal vez un pastor? Los investigadores admiten esa posibilidad, pero al mismo tiempo centran su atención en el rico sudario que protege y envuelve a la momia 8, compuesto por cuatro capas de pieles de distintos animales, algo que no encaja con un humilde pastor, sino que parece apuntar a un personaje de la elite de la sociedad de hace quince siglos.

“Seguro que era alguien relevante. No conocemos otro sudario como el suyo ”, confiesa a Efe Javier Velasco , miembro del Departamento de Ciencias Históricas de la ULPGC .

Mapa de las islas occidentales. Atlas Catalán de Abraham Cresques, 1375. (Public Domain)

Mapa de las islas occidentales. Atlas Catalán de Abraham Cresques, 1375. ( Public Domain )

Llegados a este punto, hay que recordar que, según las crónicas y tradiciones locales, son varios los aborígenes canarios de alto rango que se lanzaron al vacío para, así, demostrar su honor, en una especie de suicidio ritual. Un tipo de suicidio que podía responder al rechazo ante el nombramiento de un nuevo señor, a rivalidades entre nobles o a un último acto de resistencia ante el invasor (como ocurrió en el siglo XV durante la conquista castellana).

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