Portada-Detalle del óleo“El árbol de Navidad” (1911), obra de Albert Chevallier Tayler. (Public Domain)

El árbol de Navidad y sus legendarios orígenes históricos

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Es raro el hogar que no se adorna por estas fechas con un abeto navideño. En estas épocas tan familiares, pequeños y grandes solemos convertir nuestro árbol de Navidad en el eje central de nuestro hogar: a su pie aparecerán los regalos el 25 de diciembre y junto a él nos reuniremos, saboreando ricos platos y dulces. Nos hemos acostumbrado tanto a su mágica presencia, que ni siquiera recordamos –ni muchas veces conocemos- los motivos por los que, año tras año, se convierte en protagonista de nuestras Navidades.

Sin embargo, pese a que la documentación histórica acerca del abeto de Navidad aparece hace sólo unos pocos siglos, sí es cierto que las leyendas y tradiciones que nos hablan de él se remontan hasta tiempos muy antiguos. Tradiciones y leyendas fruto de muy diversas culturas, épocas y costumbres: algunas con un origen estrictamente cristiano y otras muy anteriores al nacimiento del cristianismo.

El simbolismo del árbol a lo largo de la historia

Los árboles siempre han sido considerados como un símbolo de vida, sobre todo para aquellas culturas íntimamente ligadas a las fuerzas de la naturaleza. Desde la Prehistoria los hombres primitivos introducían en sus cavernas y refugios plantas perennes y todo tipo de flores a las que otorgaban un significado mágico y/o religioso. Mientras que griegos y romanos decoraban sus casas con hiedra, los vikingos y demás pueblos nórdicos preferían hacerlo con muérdago y otras plantas de hoja perenne como el laurel, el acebo y las ramas de diversas coníferas.

Los pueblos nórdicos solían decorar sus viviendas con acebo y otras plantas perennes. Ilustración de una planta de acebo dibujada por Otto Wilhelm para su libro “Flora de Alemania, Austria y Suiza”(1885). (Public Domain)

Los pueblos nórdicos solían decorar sus viviendas con acebo y otras plantas perennes. Ilustración de una planta de acebo dibujada por Otto Wilhelm para su libro “Flora de Alemania, Austria y Suiza”(1885). ( Public Domain )

Los antiguos habitantes del norte europeo celebraban el nacimiento de Frey, dios del sol y la fertilidad, adornando un árbol perenne en fechas próximas al solsticio de invierno. Este árbol representaba al divino Yggdrasil (Árbol del Universo soporte de los Nueve Mundos), en cuya copa se hallaba el cielo en el que se encontraba Asgard (la morada de los dioses), y dentro de Asgard el Valhalla (salón de Odín en el que se recibía a los héroes vikingos muertos en combate). Por el contrario, sus profundas raíces se hundían en Helheim, el reino de los muertos. La celebración de ese día consistía en adornarlo con antorchas que representaban a las estrellas, la luna y el sol. En torno a él, se bailaba y se cantaba en honor a Frey. Tras la evangelización de esa parte del viejo continente,  los nuevos cristianos adoptaron la idea del árbol sagrado para celebrar el nacimiento de Cristo.

Para los celtas el árbol era considerado un elemento sagrado y venerado por los druidas. Era un medio para celebrar el “culto a la luz” en el día del solsticio de invierno, la noche más larga del año. Desde el solsticio de invierno hasta primeros de enero los celtas quemaban ramas de roble (símbolo del año que muere) en la creencia de que las chispas producidas darían lugar a nuevos días luminosos, al tiempo que las cenizas se esparcían por los campos para favorecer las futuras cosechas.

Son innumerables las culturas en las que el árbol representa el medio de unión entre el cielo y la tierra. Por ello, sobre todo en las culturas orientales, el árbol es símbolo de encuentro con lo sagrado: punto de encuentro entre el ser humano y la divinidad. Durante milenios los árboles han sido para el hombre símbolo de sabiduría, fecundidad, longevidad y crecimiento. De ahí que existan tantas leyendas que giran en torno a los árboles y a su relación con el ser humano.

Joven dama decorando su árbol de Navidad en el cuadro “Navidad” (1898), obra de Marcel Rieder (1862-1942). (Public Domain)

Joven dama decorando su árbol de Navidad en el cuadro “Navidad” (1898), obra de Marcel Rieder (1862-1942). ( Public Domain )

El árbol de Navidad cristiano

El árbol de Navidad simboliza para el cristianismo la esperanza de renacer en la noche más oscura del año, y la invocación de la luz a través del nacimiento de Jesús de Nazaret. Pero, además, recuerda al árbol del Paraíso de cuyos frutos comieron Adán y Eva y de donde proviene el pecado original. Por otro lado, su forma triangular  (por utilizarse generalmente una conífera), simboliza a la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Nuestra Misión

Ancient Origins pretende descubrir e investigar lo que creemos representa la parte más importante de los conocimientos que podemos lograr como seres humanos: nuestros orígenes.

Si bien hay quien podría pensar que poseemos ya un conocimiento profundo sobre el tema, pensamos que aún existen infinidad de enigmas y misterios que necesitan ser estudiados.

Por lo tanto, alentamos a una comunidad abierta dedicada a la investigación, la comprensión y explicación de los orígenes de la vida de nuestra especie en el planeta Tierra: organizamos, apoyamos y también financiamos los esfuerzos que van en esta dirección.

Nuestro objetivo es ir más allá de las teorías, y presentando una evaluación precisa de la investigación actual, resaltamos y ofrecemos puntos de vista alternativos a las declaraciones de la ciencia y arqueología convencionales.

Embárcate con nosotros en un viaje para explorar civilizaciones perdidas en el tiempo, antiguos lugares y hallazgos y misterios científicos inexplicables, mientras reconstruimos conjuntamente la historia de nuestros orígenes.

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