Portada - Mujer sentada en la ciudad peruana de Puno, a orillas del Lago Titicaca. (Fotografía: La Gran Época / Aizar Raldes / AFP / Getty Images)

Leyendas latinoamericanas: identidades e historias (Parte II)

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En efecto, tuvo hasta para pagar al carpintero con el fruto de los árboles, y ya por fin se erigió magnífica y airosa la cruz de madera en el atrio de Santa Catarina mártir.

Pero su amor incesante hacia la Santa Cruz le hizo pensar en otra de hierro que rematara la torre de la iglesia, y a pesar de su extrema necesidad y pobreza, vendió lo poquísimo que le quedaba y llevó a cabo su propósito. ¡Le invadía la felicidad al contemplar aquellas dos cruces! Sin embargo, sus ojos cansados no acertaban a distinguir, desde el suelo, las filigranas de la cruz de hierro de la torre.

Una tarde soleada quiso contemplarla más de cerca y se encaramó sobre una bóveda de medio cañón. Los riesgos de aquella plataforma no le permitían ninguna distracción, pero don Juan no se cansaba de admirarla. Entonces, con los ojos arrasados por lágrimas de felicidad, cruzó sus brazos sobre el pecho, inclinó la cabeza y balbuceó una oración aprendida cuando era pequeño, de boca de su madre.

Cruz realizada por nativos americanos de Nuevo México a partir de un cactus Cholla. (Svobodat/CC BY-SA 3.0)

Cruz realizada por nativos americanos de Nuevo México a partir de un cactus Cholla. (Svobodat/ CC BY-SA 3.0 )

Tras el recuerdo de su madre, sintió vivos deseos de unirse con ella cuanto antes, y la invocaba repetidas veces diciendo: “Menos mal que ya mis años me van acercando a ti.”

Alzó otra vez los ojos para contemplar de nuevo la cruz, pero estaba tan ensimismado que dio un fatal resbalón, y aunque intentó sujetarse, el anciano cayó con un grito de espanto, dando vueltas en el vacío. Pero no llegó al suelo, pues antes de que esto sucediese, la cruz del atrio había extendido amorosamente hacia adelante sus brazos y lo había recogido, agonizante, con el amor de una madre.

Al día siguiente todo México desfiló para contemplar a Don Juan, como adormecido en un dulce sueño, en los brazos de la Cruz del atrio de Santa Catarina.

Imagen de portada: Mujer sentada en la ciudad peruana de Puno, a orillas del Lago Titicaca. ( Fotografía: La Gran Época / Aizar Raldes / AFP / Getty Images )

Autor: Eugenia Plano – Vida Positiva

Este artículo fue publicado con anterioridad en La Gran Época y ha sido publicado de nuevo en www.ancient-origins.es con permiso.

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