Portada - León de Lucerna. Fotografía: (CC BY-SA 3.0)

La trágica historia del impresionante monumento del león de piedra de Lucerna

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El León de Lucerna, conocido también sencillamente como ‘El monumento del leon’, es una estatua conmemorativa ubicada en Lucerna, Suiza. Consiste en un relieve de piedra excavado en una pared de roca que pertenecía antiguamente a una cantera de piedra arenisca, y representa a un león moribundo. Esculpido a principios del siglo XIX, la intención de los creadores del León de Lucerna fue conmemorar a los Guardias Suizos que perdieron sus vidas en 1792 durante la Revolución Francesa.

Los escultores del León

El León de Lucerna fue diseñado por Bertel Thorvaldsen, un famoso escultor danés que vivió entre los siglos XVIII y XIX. El hombre responsable de la talla del monumento, no obstante, fue un cantero de Constanza (sur de Alemania) de nombre Lucas Ahorn.

El monumento fue diseñado por Thorvaldsen en 1819 cuando se encontraba en Roma, y al año siguiente Ahorn comenzó a esculpirlo. La estatua, que mide 10 metros de largo y 6 metros de altura, quedó acabada en 1821.

Retrato de Bertel Thorvaldsen obra de Carl Joseph Begas, ca. 1820. (Public Domain)

Retrato de Bertel Thorvaldsen obra de Carl Joseph Begas, ca. 1820. ( Public Domain )

Recordando la Insurrección de Agosto

El León de Lucerna nunca hubiera llegado a existir si no hubiera sido por un hombre llamado Carl Pfyffer von Altishofen. Fue Von Altishofen quien encargó el monumento. Por otro lado, solo conociendo la historia de Von Altishofen podremos comprender el simbolismo y el significado del León de Lucerna. Está documentado que Von Altishofen fue oficial de la Guardia Suiza. Cuando estalló la Insurrección de Agosto en París el 10 de agosto de 1792, Von Altishofen se encontraba de permiso en su casa de Lucerna.

Escena de la Revolución Francesa: ‘Toma del Palacio de las Tullerías’, óleo de Jacques Bertaux pintado en 1793. (Public Domain)

Escena de la Revolución Francesa: ‘Toma del Palacio de las Tullerías’, óleo de Jacques Bertaux pintado en 1793. ( Public Domain )

Los camaradas de Von Altishofen, miembros de la Guardia Suiza destacados en París, no tuvieron tanta suerte como él, y muchos de ellos perdieron la vida en la rebelión que estalló en la capital francesa. Como mercenarios, los Guardias Suizos eran famosos por cumplir con honor sus compromisos y por su lealtad hacia quienes les contrataban.

Entre estos últimos se encontraba la familia real francesa, que llevaba empleando a estos mercenarios desde el siglo XVII. Cuando estalló la Insurrección de Agosto en 1792, había un regimiento de unos 1.000 Guardias Suizos al servicio del rey de Francia Luis XVI y su familia.

Aproximadamente 300 de los Guardias Suizos de Luis XVI habían sido enviados fuera de París a realizar una misión varios días antes, mientras que el resto de ellos permanecían junto al rey y su familia en el Palacio de las Tullerías. Durante la rebelión, los Guardias Suizos defendieron a la familia real de las enfurecidas multitudes parisienses. La mayor parte de ellos murieron en combate, o poco después en prisión a causa de las heridas. El número de bajas sufridas por los Guardias Suizos en esta acción, así como el número de supervivientes, fue grabado en la piedra del monumento de Lucerna. Murieron 760, mientras que sobrevivieron 350.

Luis XVI inspeccionando a sus tropas. (Public Domain)

Luis XVI inspeccionando a sus tropas. ( Public Domain )

El monumento en detalle

Aparte de estos números, en el monumento también se puede encontrar una lista de algunos de los nombres de los oficiales caídos en la insurrección. En otra inscripción grabada en la escultura se lee ‘HELVETIORUM FIDEI AC VIRTUTI’, que se puede traducir como ‘Al valor y la lealtad de los suizos’.

La inscripción del monumento que recuerda el valor y la lealtad de los Guardias Suizos que defendieron a Luis XVI y a su familia en agosto de 1792. (CC BY-NC-ND 2.0)

La inscripción del monumento que recuerda el valor y la lealtad de los Guardias Suizos que defendieron a Luis XVI y a su familia en agosto de 1792. (CC BY-NC-ND 2.0 )

Lo más destacado del monumento, sin embargo, es indudablemente la propia estatua del león. A primera vista, su característica más notable es que está muriendo. Tras una inspección más detenida, se observará la punta de una lanza sobresaliendo de su costado: causa de su sufrimiento y finalmente de su muerte. Por otro lado, el león se encuentra recostado sobre un escudo en el que aparece la flor de lis. Es un símbolo obvio de la monarquía francesa, así como un recordatorio de la causa por la que los Guardias Suizos lucharon y dieron la vida en aquellos días de agosto de 1792.

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