Portada - cenote maya Samula cercano a Valladolid, México. (Igor Pardini / Flickr)

Cenotes sagrados: entrada al inframundo maya y dominio de los Señores de Xibalbá

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Los antiguos mayas que habitaban la península de Yucatán en el primer milenio d. C. creían que los vivos podían entrar de tres maneras diferentes en Xibalbá, el mundo de los muertos: a través de profundas cuevas, compitiendo en el juego de pelota maya y a través de los cenotes sagrados. Los cenotes sagrados eran un elemento esencial de la antigua religión maya, ya que a través de estas cavernas subterráneas llegaban a ellos tanto la vida como la muerte.

La península de Yucatán alberga pocos lagos, y ningún río natural a ras de suelo. Oculta, no obstante, un inmenso entramado de cuevas subterráneas conectadas por medio de corrientes y ríos que fluyen bajo la superficie. Muchas de estas cavernas podrían haber tenido su origen en impactos de meteoritos, de la misma época en que un enorme meteorito contribuyó a la extinción masiva de los dinosaurios en  el Cretácico-Paleógeno. Gran parte de la península está formada por piedra caliza, que con el paso del tiempo se erosiona y puede provocar el hundimiento del suelo, que cae entonces sobre la cueva inundada que suele haber por debajo. Así es como se forma un cenote, y de sus aguas subterráneas obtenían los pueblos del Yucatán este valioso recurso, el agua, que les permitió forjar la floreciente y grandiosa civilización maya.

La topografía por radar ha revelado la existencia de este cráter de 180 kilómetros; esparcidos alrededor del borde del cráter se observan numerosos cenotes, lo que sugiere la existencia de una cuenca oceánica prehistórica en la depresión que provocó el impacto. (Public Domain)

La topografía por radar ha revelado la existencia de este cráter de 180 kilómetros; esparcidos alrededor del borde del cráter se observan numerosos cenotes, lo que sugiere la existencia de una cuenca oceánica prehistórica en la depresión que provocó el impacto. (Public Domain )

Los antiguos mayas no ignoraban el papel esencial que desempeñaban los cenotes en su supervivencia. De este modo, estos depósitos de agua se convirtieron en lugares sagrados. De hecho se ha descubierto recientemente que Chichén Itzá, el famoso templo maya piramidal, fue construido sobre un inmenso cenote . Los mayas creían que Kukulkán, la Serpiente Emplumada, creció en una cueva del inframundo hasta que finalmente se hizo tan grande que atravesó la superficie de la tierra en un poderoso terremoto y voló hasta el sol.

En honor a Kukulkán, los mayas construyeron la Pirámide de Kukulkán, arquitectónicamente imponente y denominada El Castillo por los conquistadores españoles. La construcción de esta pirámide tuvo en cuenta su alineación con el calendario maya, un hito que refleja los avanzados conocimientos de esta civilización en matemáticas y astronomía. Dos veces al año, el sol brilla justo sobre el templo, de tal modo que sus escalones forman la sombra de una serpiente gigantesca. Se trata de Kukulkán, que puede ser visto durante unos 45 minutos descendiendo de los cielos, reptando por la escalinata hasta la tierra. Allí se reencontrará con sus hermanos en Xibalbá.

La pirámide de Kukulkán fue construida sobre un inmenso cenote (Daniel Mannerich / Flickr)

La pirámide de Kukulkán fue construida sobre un inmenso cenote ( Daniel Mannerich / Flickr )

Los mayas creían que la corte real de Xibalbá incluía doce deidades, los Señores de Xibalbá. El principal dios de este panteón era Hun-Camé (“Uno Muerte”), seguido de Vucub-Camé (“Siete Muerte”). Los restantes diez señores eran demonios que reinaban cada uno de ellos sobre una forma diferente de sufrimiento humano. Según los mitos mayas, estos demonios trabajaban a menudo por parejas. Allí estaban Xiquiripat (“Costra Volante”) y Cuchumaquic (“Sangre Congregada”), que se esforzaban por envenenar la sangre de los humanos. También estaban Ahalpuh (“Pus”) y Ahalganá (“Ictericia”), que provocaban que los cuerpos se hincharan y pudrieran. Y Chamiabac (“Vara de Hueso”) y Chamiaholom (“Vara de Calavera”), que desprendían lentamente la carne de los muertos hasta dejarlos convertidos en esqueletos. Y estaban también Ahalmez (“Basura”) y Ahaltocob (“Apuñalador”), de quienes se creía que se ocultaban en los rincones sin barrer de las casas, donde apuñalaban a sus residentes hasta matarlos. Y finalmente estaban Quicxic (“Ala”) y Patán (“Carga”), que estrujaban el pecho y la garganta de los caminantes hasta hacerlos sangrar. Junto a los doce Señores de Xibalbá residían numerosos asistentes que habían caído en poder de alguno de estos señores infernales, siendo obligados en ocasiones a regresar a la superficie de la tierra para ayudar a los dioses en sus engaños y provocar sufrimientos a los hombres.

Vaso maya en cuya decoración se observan algunas de las deidades de la corte de Xibalbá (Public Domain)

Vaso maya en cuya decoración se observan algunas de las deidades de la corte de Xibalbá ( Public Domain )

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Nuestro objetivo es ir más allá de las teorías, y presentando una evaluación precisa de la investigación actual, resaltamos y ofrecemos puntos de vista alternativos a las declaraciones de la ciencia y arqueología convencionales.

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