Portada - Joachim Beuckelaer, Burdel. (Public Domain)

Mujeres perdidas de la Inglaterra del siglo XIX: la prostitución en la época victoriana

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La época victoriana es tristemente recordada como una época de represión para las mujeres: el sexo, las drogas y el rock and roll, o más bien sus equivalentes de entonces, estaban considerados en gran medida temas tabú a la hora de conversar, completamente ajenos a los círculos femeninos. Sin embargo, de hecho la era victoriana fue una época de creatividad sexual en la que el nivel de libertad sexual se incrementó.

En realidad la permisividad sexual creció entre las décadas de 1840 y 1860 como una forma de que las mujeres consiguieran la independencia social y económica. Los burdeles y jardines de recreo eran relativamente comunes al ser la prostitución una forma muy segura de hacer dinero cuando una mujer no tenía marido o incluso se había quedado viuda. Y lo que es aún más curioso, algunos maridos permitían a sus mujeres realizar un “trabajo extra” como prostitutas para complementar los ingresos familiares. Hasta la década de 1870 se consideraba “normal” en las familias de la época victoriana ser muy numerosas: los hijos eran símbolo de un matrimonio sólido y servían como fuerza de trabajo añadida a las familias. Pero un mayor número de hijos también implicaba que había más bocas que alimentar. Si la mujer de la familia trabajaba como prostituta, probablemente suponía un incremento sustancial en los ingresos familiares.

Ilustración de una escena callejera ambientada en la Inglaterra de la época victoriana. (Public Domain)

Ilustración de una escena callejera ambientada en la Inglaterra de la época victoriana. ( Public Domain )

En la actualidad nos preguntamos por qué las mujeres habrían escogido (o se les habría permitido) emplearse como prostitutas, en lugar de hacerlo en los numerosos puestos de trabajo disponibles para las mujeres en la industria de la época tras la Revolución Industrial. Las mujeres que se empleaban en estas industrias trabajaban 14 horas diarias y obtenían a cambio un salario fijo. Sin embargo, la prostitución no solo permitía a estas mujeres conseguir más dinero, sino que en muchos aspectos era más segura, ya que las fábricas eran a menudo terreno peligroso debido a las insuficientes medidas de seguridad de la industria de aquellos días. Por otro lado, la Ley de Enfermedades Contagiosas de 1864 supuso un nuevo esfuerzo por proteger tanto a hombres como a mujeres al decretar el examen anual de las mujeres para garantizar su “limpieza” y que no padecieran ninguna enfermedad de transmisión sexual. Se descubrió durante estas pruebas que las prostitutas a menudo gozaban de una mejor salud sexual que las mujeres que trabajaban 14 horas al día en una fábrica.

(Nota: Josephine Butler se opuso al movimiento anti-contagio en el siglo XIX, pero lo hizo para garantizar que los hombres también fueran sometidos a pruebas para detectar posibles enfermedades de transmisión sexual. La intención de Butler era recordar a la sociedad que los hombres pueden ser portadores al igual que las mujeres, y que no eran únicamente las mujeres las que contagiaban a otros estas enfermedades. Los exámenes médicos de mujeres obligatorios por ley continuarían durante décadas.)

Josephine Butler en 1851. (Public Domain)

Josephine Butler en 1851. ( Public Domain )

Aunque la prostitución era de público conocimiento y la sexualidad se expresaba de forma más evidente de lo que los expertos creían hasta ahora, existen documentos de la época victoriana que revelan los puntos de vista negativos que probablemente influyeron en las investigaciones del pasado. Por ejemplo, la masturbación estaba considerada un trastorno mental en la era victoriana, posiblemente incluso provocado por enfermedades de transmisión sexual. Al no existir una “adecuada” educación sexual en aquella época, probablemente se evitara un exceso de devaneos sexuales por el miedo a contraer estos “trastornos mentales.” Por supuesto, la mayor parte de la gente de la era victoriana no iba de aquí para allá en busca de nuevas parejas sexuales; aún en un mundo cristiano, muchos creían en la abstinencia antes del matrimonio. Pero aquellos que no se adherían a esta estipulación religiosa estaban considerados en riesgo de padecer enfermedades mentales. Más concretamente, las prostitutas victorianas.

En el caso del género masculino, se advertía a los hombres de que demasiado sexo podía “debilitarles”. Contrariamente a las modernas concepciones de la sexología, en el siglo XIX se creía que la promiscuidad podía menoscabar la masculinidad de los hombres, además de provocar problemas psicológicos, en pocas palabras, “locura”. Tampoco era raro entre los médicos realizar “cauterizaciones del pene” en un intento de prevenir posibles problemas mentales. En las mujeres se practicaba una intervención similar denominada “clitorodectomía.”

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