Portada - Estatua ecuestre de un príncipe de la dinastía Julio Claudia, identificado habitualmente como Calígula. (Museo Británico/CC BY NC SA 4.0)

¿Es cierto que Calígula nombró cónsul a su caballo?

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Cuando pensamos en el emperador Calígula, habitualmente es el personaje maníaco maravillosamente interpretado por John Hurt en la serie televisiva de la BBC Yo, Claudio el que nos viene a la mente. Hurt baila con un bikini de oro puesto, remoja su barba con la sangre de su progenie, y desfila con su caballo favorito vestido con una toga de cónsul ante los estupefactos presentes. Es sin duda el modelo del emperador romano loco.

La historia en la que Calígula nombra cónsul a su caballo favorito, Incitatus, ha estimulado nuestra imaginación durante largo tiempo. Internet está plagado de artículos y blogs en los que se debate si esta leyenda es realmente cierta. El caballo de Calígula ha acabado apareciendo incluso en el Diccionario Oxford de Dichos y Fábulas: en su definición para “Incitatus” podemos leer: “nombre del caballo de Calígula, designado cónsul por el emperador”. Sin embargo, quizás el mayor testimonio de la inmortalidad de Incitatus es que tiene su propia página de Wikipedia.

Aunque los antiguos textos solo mencionan la intención de nombrar cónsul a Incitatus, la repetición machacona de esta historia a lo largo de los siglos (en particular como una forma sarcástica de sugerir que un político podría no estar a la altura de las circunstancias) evidencia que a menudo olvidamos que el caballo de Calígula jamás llego a ocupar un puesto en el Senado.

Calígula y su caballo. (Yo amo la Historia)

Calígula y su caballo. (Yo amo la Historia)

El asno favorito del Emperador

El cargo de cónsul era el más elevado de la magistratura de la República romana. En tiempos del imperio este título aún existía, aunque principalmente se trataba de un cargo honorífico con el que los emperadores recompensaban a los senadores más leales. En lo tocante al caballo de Calígula, los antiguos escritos son inequívocos en su testimonio: no fue nombrado cónsul.

El biógrafo Suetonio, no obstante, observa que el emperador colmaba de regalos a Incitatus, dotándole de un establo de mármol, un pesebre de marfil, mantas de púrpura, lujosos muebles y sus propios esclavos. En el clímax de este pasaje, Suetonio escribe:

…se sabe también que designó [a Incitatus] para el puesto de cónsul.

Otra antigua fuente, el historiador Dión Casio, nos ofrece una versión ligeramente diferente:

...e incluso prometió designar [a Incitatus] cónsul. Y ciertamente lo habría hecho si hubiera vivido más tiempo.

La historia por tanto probablemente debe su origen a un comentario hecho de pasada por Calígula en el que revelaba su intención de nombrar cónsul a Incitatus (aunque no llegara a cumplir su palabra).

Aunque Calígula afirmó que haría cónsul a su caballo Incitatus, no llegó a cumplir su palabra. (Tvtropes/CC BY NC SA 3.0)

Aunque Calígula afirmó que haría cónsul a su caballo Incitatus, no llegó a cumplir su palabra. (Tvtropes/CC BY NC SA 3.0)

¿Por qué diría algo así Calígula? Una de las teorías más populares es que el emperador estaba criticando a sus cónsules: eran tan “asnos” que podría haber incluido igualmente a su caballo en este selecto grupo.

El nombre del caballo es particularmente relevante aquí. “Incitatus” significa “Impetuoso” o “Imperioso”. El historiador David Woods ha sugerido ingeniosamente que este nombre podría tener la intención de ser un insulto dirigido a un cónsul en particular, Asinius Celer, cuyo nombre significa “asno veloz”. Una broma del cómico Calígula que fue interpretada de forma literal como un hecho histórico.

Busto del emperador Calígula. (CC BY-SA 3.0)

Busto del emperador Calígula. (CC BY-SA 3.0)

Una fiesta para caballos

Calígula estaba muy alejado de los emperadores que le precedieron, Augusto y Tiberio. Pensamos en Augusto como el “primer emperador”, aunque se postuló como líder político republicano, no como monarca. Su sucesor, el austero Tiberio, procuró renunciar a tantos honores imperiales como le fue posible.

Calígula, sin embargo, era un bullicioso veinteañero, muy aficionado a experimentar con las oportunidades que su cargo le ofrecía, adoptando ceremonias y vestimentas más propias de los reyes orientales. En breve, Calígula querría ser –y ser considerado– un monarca.

La juventud de Roma era muy apasionada de las carreras de caballos. Las atenciones que Calígula prodigaba a Incitatus iban más allá de las que mostraban otros jóvenes aristócratas para premiar a sus monturas. Calígula era emperador, por lo que tenía que hacerlo más y mejor. Calígula organizaba fiestas para sus amigos en los suntuosos establos de su caballo, donde el propio Incitatus ejercía de “anfitrión”. Pero todos los lujos los disfrutaban realmente Calígula y sus colegas, ansiosos de vivir a lo grande –no eran para su caballo.

Las pretensiones regias de Calígula no sentaban bien a los aristócratas romanos, que querían emperadores que les respetaran, no solo a ellos sino también a las instituciones republicanas, el consulado por ejemplo. Podemos imaginar fácilmente a Calígula y a sus compañeros de juerga burlándose de los estirados cónsules llamándoles “asnos”, y al emperador declarando que Incitatus muy pronto sería cónsul como ellos.

‘El caballo de Calígula’, Salvador Dali, 1971. (Fair Use)

‘El caballo de Calígula’, Salvador Dali, 1971. (Fair Use)

La cuestión es relinchar

La historia de Calígula e Incitatus demostró ser un paradigma tan irresistible de abuso político que no pareció importar que el caballo jamás llegara a lucir la toga consular. En particular, numerosos comentaristas a lo largo de los siglos se han divertido lo suyo comparando a políticos de su tiempo con el caballo favorito del emperador.

Una de las muestras más ingeniosas de ello es un artículo del London Magazine and Monthly Chronologer (‘Revista y cronología mensual de Londres’) impreso el 6 de febrero de 1742. En una columna titulada Common Sense (‘sentido común’), el autor del artículo hablaba del “Primer Ministro de Calígula”. El Primer Ministro de Gran Bretaña por aquel entonces era Robert Walpole, quien el 28 de enero de 1742 había perdido la votación de una moción de confianza en el Parlamento. El autor de esta sátira inmediatamente pone sus cartas sobre la mesa, afirmando que Calígula era un emperador capaz que escogió al mejor candidato para el puesto de “Primer Ministro”:

Qué felicidad… debió ser la de vivir bajo el auspicioso reinado del emperador Calígula, quien se hacía merecedor de tan grandes honores allá donde iba, y que hizo gala de una preocupación tan paternal a la hora de llevar la felicidad a su pueblo, que hizo a su caballo ministro del Estado.

Imaginativa ilustración de Calígula nombrando cónsul a Incitatus. (Imgur)

Imaginativa ilustración de Calígula nombrando cónsul a Incitatus. (Imgur)

Incitatus sale ganando en la comparación con Walpole, ya que el caballo demuestra tener todas las cualidades de un buen Primer Ministro. El golpe más fuerte, no obstante, lo asesta el autor al final del artículo:

Quienquiera que considere todas estas cosas sin prejuicio alguno, estará obligado a reconocer tras una comparación imparcial con otro que tengo en mente, que el caballo no solo fue el más sincero, sino también el más sabio ministro de los dos.

El caballo de Calígula aparece también en contextos más serios, como en una respuesta británica a la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776, titulada “Los Derechos de Gran Bretaña se reafirman frente a las reivindicaciones de América.” Su autor cita la historia de Incitatus siendo nombrado cónsul como uno de los muchos ejemplos de la antigua Roma en los que la persona equivocada tiene el poder de tomar las decisiones:

La extensión del derecho a elegir los magistrados al pueblo en su conjunto fue la principal causa de la pérdida de libertad en la antigua Roma. Los prejuicios y temores de la chusma eran los peldaños por los que hombres ambiciosos ascendían al poder, al que convertían en tiranía sobre sus necios constituyentes… los nietos de los votantes que pusieron a Mario, Cina y César a la cabeza del Estado, fueron utilizados por Calígula para elevar a su caballo al honor del consulado.

Aquí la historia de Incitatus se convierte en parábola de lo que ocurre cuando un estado abandona los principios sobre los que se fundó a instancias de los aduladores.

Pero hay una última vuelta de tuerca en esta historia caballuna. Dión Casio sostiene que Calígula nombró a un caballo –presumiblemente a Incitatus– sacerdote del culto al emperador. Este dato ha sido ignorado a menudo, quizás porque Dión Casio lo menciona en un apartado diferente y no se refiere explícitamente a Incitatus.

A consecuencia de ello, nos hemos acostumbrado a interpretar esta historia como un ejemplo de los abusos del poder político, más que el religioso. Incluso si el caballo de Calígula jamás llegó a ocupar un lugar entre las sillas de marfil del Senado romano (probablemente tenía suficiente con su establo de marfil), aún nos gusta imaginar una época en la que los políticos eran considerados, literalmente, asnos.

Imagen de portada: Estatua ecuestre de un príncipe de la dinastía Julio Claudia, identificado habitualmente como Calígula. (Museo Británico/CC BY NC SA 4.0)

Este artículo, titulado ‘Mythbusting Ancient Rome – Caligula’s Horse y escrito por Shushma Malik y Caillan Davenport fue publicado originalmente en The Conversation y ha sido publicado de nuevo en Ancient Origins bajo una licencia Creative Commons.

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