Portada - Relieves basados en los grabados de Pinelli (1928). La imagen nos muestra una escena de la vida cotidiana y las campañas de Alejandro Magno. Realizados en bronce por el escultor Pr. Tzanoulinos. Museo Helénico de la Guerra (Atenas, Grecia). (CC by 2.0 / Tilemahos Efthimiadis)

El conquistador y el filósofo: el encuentro entre Alejandro Magno y Diógenes

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Alejandro Magno es ampliamente conocido como uno de los más grandes comandantes militares y conquistadores de todos los tiempos, y su nombre se ha convertido en sinónimo de grandeza e invencibilidad a lo largo de los siglos. Alejandro fue también el hombre que expandió la cultura griega y la civilización occidental por todo el mundo conocido en su época.

Siendo aún niño, Alejandro gozó de la bendición de tener como maestro a Aristóteles, uno de los más grandes filósofos de todos los tiempos. Aristóteles fue quien inspiró en Alejandro el interés por la filosofía, aun cuando como todo varón griego, estaba destinado a ser un rey guerrero—ya fuera ateniense, espartano, corintio o macedonio como Alejandro—y su primera prioridad era recibir una formación militar y ejercitarse en la disciplina. Este fue el factor principal por el cual los logros de Alejandro en el futuro no girarían únicamente en torno al campo de batalla y a la guerra, sino que también alcanzarían los ámbitos cultural, político, económico y social.

Aristóteles instruye a un joven Alejandro (Public Domain)

Aristóteles instruye a un joven Alejandro ( Public Domain )

La coexistencia armónica entre pueblos diversos y distantes se convirtió en uno de los objetivos principales de Alejandro, en su empeño por “casar” culturas y civilizaciones rivales, un objetivo que consiguió hasta cierto punto al difundir la cultura, la lengua, el arte y la ciencia griegos, en un hecho que marcó un hito en el inicio de una nueva era en la que el helenismo y la civilización occidental se convirtieron en el centro de una civilización global. Esta situación se prolongaría siglos más tarde con el auge del Imperio romano.

Por otro lado, Diógenes el Cínico—quien según Plutarco nació el mismo día que murió Sócrates—fue uno de los fundadores de la escuela filosófica cínica, y sin duda el más famoso representante de este movimiento. Diógenes se centraba principalmente, casi exclusivamente de hecho, en una creciente toma de conciencia respecto a cuestiones sociales y morales. Sus enseñanzas eran en esencia revolucionarias y subversivas para los regímenes políticos imperantes en la época. Diógenes cuestionaba y dudaba abiertamente de la autoridad, ofreciendo argumentos filosóficos para cambiar la corrupta sociedad en la que vivía. Creía verdaderamente que solo era posible un mundo mejor regresando a la Madre Naturaleza, a la que aceptaba como única soberana posible, con una autoridad absoluta. Diógenes creía que la verdadera felicidad del hombre residía en una vida natural, y que solo la autosuficiencia, la frugalidad y el ejercicio podían garantizarla. Literalmente carecía de todo respeto por cualquier forma de poder político o militar.

Así pues, la pregunta que se plantea es: ¿cómo es posible que dos hombres tan diferentes como Alejandro y Diógenes se encontraran en algún momento de sus vidas, y por qué motivo?

Diógenes solía meterse en problemas bastante a menudo a causa de sus enseñanzas y estilo de vida rebeldes. Fue detenido y desterrado unas cuantas veces de diversas ciudades-estado griegas. En una de sus muchas aventuras y correrías fue capturado por piratas y vendido como esclavo. En esa ocasión fue a parar a Corinto, donde Xeniadis, un rico aristócrata de la ciudad encandilado por el espíritu y la inteligencia de Diógenes, le compró para que educara a sus hijos.

En la misma época, Alejandro Magno ya había iniciado su campaña para unificar toda Grecia bajo un solo reino y expandir el helenismo por todo el mundo. Alejandro tenía un instructor llamado Leónidas que estaba al tanto de la filosofía cínica, de modo que Alejandro ya la conocía y era un entusiasta del cinismo y de las enseñanzas y el espíritu de Diógenes. Así pues, cuando Alejandro llegó a Corinto, lo primero que solicitó fue tener un encuentro con Diógenes.

Sin embargo, no era tan fácil verse con Diógenes. El filósofo creía que ningún hombre necesitaba demasiado, así que no poseía ninguna propiedad ni vivía en una casa, sino que dormía en un barril que llevaba rodando de un lugar a otro. Pasaba días sentado al sol y enseñando sus teorías a las multitudes que deseaban conocer el cinismo.

Diógenes en su barril. Pintura de Jean-Léon Gérôme, 1860 (Public Domain)

Diógenes en su barril. Pintura de  Jean-Léon Gérôme , 1860 ( Public Domain )

Afortunadamente, uno de los más importantes historiadores de la antigüedad, Plutarco, nos aporta una versión de esta historia que nos permite saber qué pasó y que se dijeron Alejandro y Diógenes cuando finalmente se encontraron.

Nuestra Misión

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Si bien hay quien podría pensar que poseemos ya un conocimiento profundo sobre el tema, pensamos que aún existen infinidad de enigmas y misterios que necesitan ser estudiados.

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Nuestro objetivo es ir más allá de las teorías, y presentando una evaluación precisa de la investigación actual, resaltamos y ofrecemos puntos de vista alternativos a las declaraciones de la ciencia y arqueología convencionales.

Embárcate con nosotros en un viaje para explorar civilizaciones perdidas en el tiempo, antiguos lugares y hallazgos y misterios científicos inexplicables, mientras reconstruimos conjuntamente la historia de nuestros orígenes.

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