Portada - Principal: silueta de los huesos de la cola, tejidos blandos y puntos de inserción de las plumas. Ryan McKellar/Museo Real de Saskatchewan. Detalle: Impresión artística de un pequeño celurosaurio en un paisaje boscoso. Cheung Chung y Liu Yi.

Descubierta cola de dinosaurio bebé cubierta de plumas encerrada en un bloque de ámbar

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Investigadores de China, Canadá y la Universidad de Bristol han descubierto una cola de dinosaurio completa y cubierta de plumas encerrada en un bloque de ámbar.

El hallazgo, del que ha informado la revista Current Biology , permitirá a los científicos conocer los detalles de la estructura y la evolución de las plumas en los dinosaurios, una cuestión que no puede deducirse de las pruebas fósiles.

Aunque no se trata de las primeras plumas halladas en ámbar, los investigadores han indicado que los especímenes descubiertos con anterioridad habían resultado difíciles de vincular a alguna especie animal concreta.

Ryan McKellar, del Museo Real de Saskatchewan (Canadá) ha afirmado a propósito del descubrimiento que: “Este nuevo material conserva la cola de un ejemplar joven que consta de ocho vértebras; éstas se encuentran cubiertas de plumas conservadas en 3D y con un detalle microscópico.”

Podemos estar seguros de su origen porque las vértebras no se encuentran fusionadas en una rabadilla o pigóstilo como ocurre con las aves modernas y sus parientes más cercanos. Esta cola, en cambio, es larga y flexible, con líneas de plumas que se prolongan por todas sus caras. En otras palabras, las plumas son definitivamente las de un dinosaurio, no las de un ave prehistórica.

Bloque de ámbar con la cola cubierta de plumas de un dinosaurio bebé encerrada en su interior. Su antigüedad es de 99 millones de años. Ryan McKellar/Museo Real de Saskatchewan

Bloque de ámbar con la cola cubierta de plumas de un dinosaurio bebé encerrada en su interior. Su antigüedad es de 99 millones de años. Ryan McKellar/Museo Real de Saskatchewan

El autor principal del estudio, Lida Xing, investigador de la Universidad de Geociencias de Beijing (China) descubrió este notable ejemplar en un mercado de ámbar de Myitkyina (Birmania) en el año 2015.

La inclusión de este bloque de ámbar fue considerada en un principio algún tipo de elemento vegetal destinado a convertirse en curiosidad o en una pieza de joyería, pero Xing reconoció su importancia científica potencial y propuso al Instituto Dexu de Paleontología que comprara el ejemplar.

Los investigadores afirman que se trata de la cola emplumada de un terópodo conservada en ámbar del Cretácico medio datado en 99 millones de años. Aunque inicialmente resultó difícil identificar los detalles de la inclusión encerrada en el interior del ámbar, Xing y sus colegas confiaban en el escáner de tomografía computarizada y las observaciones al microscopio para poder llevar a cabo un examen más detallado.   

Las plumas sugieren que la cola presentaba una superficie externa de color castaño sobre una capa inferior pálida o blanca. El ejemplar ofrece asimismo nuevos datos sobre la evolución de las plumas. Estas plumas primitivas carecen de un eje central bien desarrollado o raquis. Su estructura sugiere que los dos tipos más evolucionados de ramificaciones de las plumas modernas, conocidos como barbas y bárbulas, aparecieron antes de que se formara un raquis claramente definido.

Impresión artística de un pequeño celurosaurio en un paisaje boscoso. (Cheung Chung y Liu Yi)

Impresión artística de un pequeño celurosaurio en un paisaje boscoso. (Cheung Chung y Liu Yi)

El profesor Mike Benton  de la  Escuela de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Bristol, ha añadido que “Resulta asombroso ver todos los detalles de la cola de un dinosaurio — los huesos, la carne, la piel y las plumas — e imaginar cómo a este pequeñín se le quedó la cola atrapada en la resina para a continuación presumiblemente morir al no poder liberarse.”

“No hay constancia de que los dinosaurios pudieran desprenderse de sus colas como hacen algunos lagartos en la actualidad.”

Los investigadores han examinado también la composición química de la cola en el punto en el que ésta quedaba al descubierto en la superficie del ámbar. Su análisis ha demostrado que la capa de tejido blando en torno a los huesos conservaba restos de hierro ferroso, una reliquia vestigio de la hemoglobina que quedó también atrapada en el ámbar.

El descubrimiento demuestra el valor del ámbar como complemento del registro fósil. Ryan McKellar ha añadido que “los bloques de ámbar conservan pequeñas instantáneas de antiguos ecosistemas, albergan detalles microscópicos, disposiciones tridimensionales y tejidos lábiles que son difíciles de estudiar en otros escenarios.”

“Es una nueva fuente de información que merece ser investigada con intensidad y protegida como recurso fósil.”

Los investigadores apuntan por último que ahora están “impacientes por ver cómo nuevos descubrimientos procedentes de esta región pueden reconfigurar nuestros conocimientos sobre el plumaje y los tejidos blandos de dinosaurios y otros vertebrados.”

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