Portada - Monedas de oro romanas (Imagen meramente representativa). Fuente: CC0

Una fuente de riqueza para sus afortunados descubridores: el impresionante tesoro de Killingholme

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Viejas chapas de botellas y clavos oxidados no son las únicas cosas que pueden encontrar los que buscan con detector de metales. En ocasiones, los cazadores de tesoros aficionados consiguen realizar un gran hallazgo. Éste fue el caso del tesoro de Killingholme, una colección de más de 4.000 monedas romanas acuñadas por el imperio romano hace casi 1700 años.

Sus descubridores fueron lo suficientemente afortunados como para dar con el tesoro antes de que entrara en vigor la Treasure Act (‘Acta de tesoros’), lo que significa que podrían vender sus monedas en subasta y hacer una fortuna.

El tesoro de Killingholme fue descubierto en la localidad del mismo nombre, un pueblo situado en el condado inglés de Lincolnshire, en 1993. Las monedas fueron registradas por el Museo Británico, después de lo cual la mayor parte de ellas fueron vendidas en una subasta de Spink. Un pequeño número de estas monedas aún pueden encontrarse hoy en día circulando por casas de subastas privadas.

Moneda perteneciente al tesoro de Killingholme con la efigie de Constantino II. (Beast Coins)

Moneda perteneciente al tesoro de Killingholme con la efigie de Constantino II . ( Beast Coins )

El descubrimiento del tesoro de Killingholme

En otoño de 1993, dos buscadores aficionados equipados con detectores de metales, de nombres Chris Keyworth y Adrian Caley, descubrieron el tesoro de Killingholme. El tesoro fue hallado en unos campos situados entre Killingholme y Habrough, aunque la ubicación exacta del descubrimiento no ha sido revelada. Según el testimonio escrito del propio Keyworth, las primeras monedas del tesoro fueron hallazgos superficiales, y muchas de ellas fueron descubiertas antes de que se encontrara el tesoro propiamente dicho.

En total se encontraron 1.504 monedas en la capa superficial del terreno, y otras 2.753 enterradas en el interior de un antiguo caldero. Keyworth informaba de que la tapa del caldero había sido cortada por un arado, lo que provocó que un gran número de monedas quedaran esparcidas por todo el terreno. Sin embargo, sí se encontraron los restos del caldero cuando el cúmulo de monedas que aún contenía fue descubierto por el detector de metales de Keyworth. El recipiente tenía un diámetro de unos 20 centímetros (7,87 pulgadas), y dentro de él había miles de antiguas monedas.

Keyworth también observó que las monedas habían sido depositadas cuidadosamente dentro del caldero en lo que parecía ser una disposición en espiral. Desafortunadamente, se vació el contenido del recipiente en una bañera para limpiar las monedas, lo que hizo que esta curiosa imagen se perdiera para siempre.  

Colección de antiguas monedas romanas. (Plan de Antigüedades Portables / Fideicomisarios del Museo Británico / CC BY SA 2.0)

Colección de antiguas monedas romanas. (Plan de Antigüedades Portables / Fideicomisarios del Museo Británico / CC BY SA 2.0 )

Monedas de bronce de Constantino

Con respecto a las monedas que constituían el tesoro de Killingholme, éstas eran follis de bronce reducido, la mayoría de las cuales fueron emitidas entre la década del 320 y principios de la del 330, es decir, durante la época de la dinastía Constantiniana. Las monedas fueron acuñadas en varias casas de moneda de la mitad occidental del Imperio romano, aunque la mayoría procedían de la casa de moneda de Londres. En cuanto al depósito del tesoro propiamente dicho, se ha especulado que se produjo en torno al 333/334 d. C.

Moneda de Constantino I procedente del tesoro de Killingholme. (Beast Coins)

Moneda de Constantino I procedente del tesoro de Killingholme. ( Beast Coins )

Tras el descubrimiento del tesoro de Killingholme, las monedas fueron subastadas por Spink. Afortunadamente, los subastadores permitieron a Jonathan Williams, comisario de monedas de la Edad del Hierro y romanas del Museo Británico, que registrara las monedas por lotes. Una vez catalogadas las monedas, la mayor parte de ellas fueron vendidas en subastas, aunque sus descubridores conservaron algunas de las más representativas. Se rumorea que muchas de las monedas fueron vendidas a la joyería y productora de bienes de lujo italiana Bulgari, siendo utilizadas posteriormente en el comercio de joyas.

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